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31 de mayo de 2013

Reflexiona sobre "los límites de lo tolerable" en el siglo XIX

Nota generada por: Universidad de Monterrey

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En un siglo en el que la sociedad era especialmente cuidadosa con la noción de lo privado, un divorcio implicaba la ventilación de la vida íntima y pocas mujeres en Nuevo León -pero siempre más que los hombres- se "atrevieron" a pasar por la "deshonra" de un proceso de separación.En la segunda mitad del siglo XIX, a lo largo de 60 años, el 60 por ciento de las mujeres que emprendieron un juicio de divorcio pertenecían a la clase baja, el otro 40 por ciento provenían de las clases media y media alta y no hay reportes de disolución de matrimonio en mujeres de clase alta."Las mujeres de clase alta no se divorciaban. Las mujeres de clase baja fueron las que mayormente pidieron el divorcio, porque ellas eran las que menos tenían que perder y a las que peor les iba: los golpes y las palizas de los maridos, el maltrato era la causal principal", afirmó Sonia Calderoni Bonleux, profesora de la Universidad de Monterrey.La catedrática dictó la conferencia "Entre lo permitido y lo prohibido. Las prácticas cotidianas en el México del siglo XIX", la noche del miércoles en el Auditorio del Museo del Noreste, como parte de una colaboración entre 3 Museos y la División de Derecho y Ciencias Sociales de la UDEM.

En una investigación de Calderoni Bonleux sobre los divorcios entre 1850 y 1910 en la entidad, del total de los 175 casos, 142 fueron demandas femeninas y solo 22 fueron iniciativas masculinas, mientras que los 11 restantes se trataron de divorcios voluntarios o por mutuo acuerdo.

La Doctora en Historia por la Universidad Iberoamericana, y Maestra en Humanidades por la UDEM, destacó que el divorcio era socialmente un escándalo, era mal visto y era prohibido, porque el divorciado -y sobre todo la mujer- es soslayado, despreciado.

"Pero el divorcio era llegar a ciertos límites de lo tolerable, porque había mujeres que ya no resistían, eran mujeres que, por lo general, trabajaban, el marido tenía algún vicio, le quitaba el dinero que ella ganaba", explicó.

En cambio, en las clases altas "el qué dirán estaba más presente" y, en el proceso de acumulación de capital de la época, el matrimonio formaba parte de esa transformación social.

"Matrimonios de clase alta significaban también una unión de capitales y ya hacía más dificultosa la posibilidad de un divorcio", expuso. 

La autora del libro "Los límites de lo tolerable. El divorcio en Nuevo León 1850-1910" mencionó que el hombre no era tan mal visto como la mujer en una situación de separación: pero "el hombre se resistía al divorcio, consideraba que lo deshonraba, que lo descontrolaba tanto en el ámbito privado como en el público".

La charla se ofreció en el marco de la exposición "El pecado y las tentaciones en la Nueva España", instalada en el Museo de Historia Mexicana, y el proyecto implica continuar con conferencias y cursos en los espacios de 3 Museos.

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