Agradecen por cierre de semestre y reconocen rol de las madres
Créditos: Archivo UDEM
- La comunidad de la Universidad de Monterrey asistió a la misa de fin de semestre Primavera 2026 y de celebración del Día de las Madres
El reconocimiento al papel de las madres en la sociedad y el compromiso de los estudiantes con el servicio humanista convergieron en un espacio de agradecimiento a través de una misa de fin de semestre Primavera 2026 y de celebración del Día de las Madres en la Universidad de Monterrey.
Estudiantes, profesores, colaboradores y familiares asistieron a la ceremonia eucarística, que se realizó este 8 de mayo en las salas 7 a la 9 del edificio Estoa.
La misa fue presidida por fray Salvador Zamora Vázquez, sacerdote franciscano y capellán de la institución. El clérigo, quien recientemente obtuvo su grado de Maestría en Administración en la UDEM, encabezó el mensaje litúrgico dirigido a la comunidad.
Previo al inicio del acto religioso, el Grupo de Matachines de la universidad realizó una procesión tradicional. El recorrido inició en la Rectoría, cruzó los jardines de El Solar y la Gruta de la Virgen, para concluir en el edificio Estoa.
Durante su homilía, el sacerdote subrayó que el mandamiento de amar al prójimo encuentra su máxima expresión en la figura materna. El capellán explicó que la entrega de una madre trasciende el nacimiento para manifestarse en los desvelos diarios.
“Si hay alguien que entiende lo que significa dar la vida, es una madre. La da en el parto, sí, pero la sigue dando todos los días en desvelos, preocupaciones silenciosas y en sacrificios que nadie ve”, expresó Zamora.
El capellán compartió el testimonio de un joven que, tras reprobar una materia, encontró en su madre un refugio de aceptación incondicional. El relato enfatizó que el valor de una persona no reside en sus notas, sino en su esencia.
“Una madre no ama porque el hijo saque buenas calificaciones. No ama porque todo salga perfecto. Ama simplemente porque es su hijo, porque su corazón está hecho para amar y entregarse por los demás”, afirmó.
Respecto al cierre de cursos, Zamora Vázquez exhortó a los alumnos a no definir su autoestima únicamente a través de los resultados académicos. El presbítero recordó que la elección divina y el amor son anteriores a cualquier evaluación humana.
Es muy difícil no creer que nuestro valor depende de nuestra calificación. Pero el Evangelio nos recuerda algo fundamental: antes de ser evaluados, somos elegidos; antes de que presentemos cualquier juicio, somos amados”, puntualizó.
El mensaje final advirtió que la formación intelectual resulta insuficiente si no se desarrolla la capacidad de acompañar al prójimo. Se enfatizó que la calidad humana y la honestidad son los frutos que deben permanecer tras la graduación.
“Podemos graduarnos con honores, pero no saber amar. Podemos dominar teorías y no saber acompañar al prójimo. El fruto que permanece no es un título en la pared, es la capacidad de servicio y solidaridad”, concluyó.
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